Traducción: ¿Qué es y para qué sirve?

Traducción se define, según el Diccionario de la lengua española como la «acción y efecto de traducir» (Real Academia Española, 2021). Una definición acertada, sin duda, pero una traducción también es el texto resultante del proceso de traducir. Pero ¿qué características debe de tener un texto para ser considerado una traducción? ¿Cualquier texto traducido debería considerarse una traducción? De hecho, todo el mundo parece pensar que por el mero hecho de conocer dos o más idiomas ya pueden ser traductores y hacer un buen trabajo. Si traducir fuese tan sencillo, ¿por qué existen los grados universitarios en Traducción? ¿No sería más sencillo que los futuros traductores estudiaran otros idiomas?

Elementos de una traducción

Para responder esta pregunta vamos analizar la definición de traducción que dan varios autores. Pero antes, debemos dejar claro varios términos relacionados con la traducción:

  • el texto a traducir se conoce como texto origen, la lengua en la que está escrita como lengua origen y la cultura en la que está basada como cultura origen;
  • el texto traducido se conoce como texto meta, la lengua en la que se tiene que escribir el texto meta como lengua meta y la cultura a la que va dirigida como cultura meta.

Peter Newmark define la traducción como el «[…] arte que consiste en el intento de reemplazar un mensaje escrito y/o un enunciado de una lengua, por el mismo mensaje y/o enunciado en otra» (Newmark, 1991, p. 36). Newmark hace un muy buen uso de la palabra intentar, pues pasar un texto de la lengua origen a la lengua meta es un proceso muy complicado en el que se puede perder mucha información. La traducción nunca será una copia exacta del original por mucho que lo intente el traductor y, si lo es, se deberá a que ha hecho una traducción palabra por palabra o que no ha traducido el texto como una unidad, sino como varias unidades, lo que hará que los lectores noten que es una traducción porque el texto se verá muy forzado.

Otras definiciones de traducción

Hurtado Albir define la traducción como «un proceso interpretativo consistente en la reformulación de un texto con los medios de una lengua que se desarrolla en un contexto social y con una finalidad determinada» (Hurtado Albir, 2001). Es decir, no basta solo con ir palabra por palabra traduciendo. Es necesario mirar el texto como un conjunto y comprender completamente su significado para así comprender realmente su significado y encontrar los significados ocultos. Además, el texto origen se desarrolla en una cultura específica y se apoya en ella, por eso funciona; al transcribir el texto en la lengua meta, no podemos seguir apoyándonos en la cultura origen porque, probablemente, el lector de la traducción no conozca la cultura y, por tanto, no comprenda esas referencias culturales.

«Traducir […] es hablar desde nuestras palabras en otras palabras, con el fin de liberar todas las posibilidades del para pensar lo mismo de otra manera, respetando la diferencia y la dimensión de la otredad, respetando la equivalencia, pero sabiendo, al mismo tiempo, que es imposible, que siempre será una acción imperfecta, porque siempre quedará algo fuera, oculto, que explica su naturaleza fragmentaria» (África Vidal, 2010). Con esta definición, África Vidal nos da a entender que, al traducir cualquier texto, el texto meta perderá información del texto origen. Es imposible que una traducción contenga toda la información ni de la misma manera que el texto origen. Para que un texto meta funcione y no resulte extraño, tiene que adaptarse a sus lectores, a su cultura y a su finalidad.

Características de un buen traductor

Por lo tanto, parece imposible que solo con el conocimiento de varios idiomas se pueda realizar una traducción decente. En La teoría y el arte de la traducción, Peter Newmark enumera varias cualidades que debería tener un traductor, entre ellas:

  • crítica textual literaria y no literaria;
  • buena redacción;
  • ser buen juez de la escritura;
  • la lógica y la filosofía.

Todas estas cualidades ayudarán al traductor a valorar la calidad del texto, a desenmascarar cualquier significado oculto en el texto, a identificar la finalidad del autor, a redactar una buena traducción, etc.

La labor del traductor es muy importante, sobre todo en la era en la que estamos viviendo. Los traductores ayudan a que la información fluya por el mundo, son los eslabones que conectan las diferentes culturas y promueven la globalización. Y, aunque en general la figura del traductor se aprecie poco y parece poco importante, tiene un gran papel.

El mundo está tan digitalizado que ha permitido una gran globalización, lo cual hace que las traducciones sean muy necesarias e importantes. Las traducciones tienen diferentes finalidades, pero están siempre ahí, a nuestro alrededor. Podemos encontrar traducciones de películas, series y libros; de manuales e instrucciones; de documentos y formularios; de informes; de los envases de los alimentos, etc. En resumen, la traducción es un proceso mucho más complejo y mucho más importante de lo que la mayoría cree, a pesar de tener un gran peso en nuestra sociedad. Los traductores tienen que estar muy preparados y deben tener muchos factores en cuenta para poder enfrentarse a ellas y realizar un buen trabajo.

Bibliografía

Albir, A. H. (2001). Traducción y traductología. Madrid: Catedra.

Española, R. A. (2021). Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. Obtenido de https://dle.rae.es

Newmark, P. (1991). La teoría y el arte de la traducción. Inglaterra.

Vidal, Á. (10). En otras palabras, casi lo mismo. Íkala, revista de lenguaje y cultura, 11-13.